Los enebros rastreros, las escobas, los piornos y otras leguminosas, forman mosaicos almohadillados, en los que cada planta apenas crece en altura pero sí lateralmente, una adaptación a la altitud y, sobre todo, a los inviernos rigurosos, con vientos inclementes y grandes nevadas. Estas formaciones de matorral de alta montaña son idóneas para algunas especies de aves como el zorzal charlo, que abandona las masas forestales y acude aquí para alimentarse, o la perdiz pardilla, que establece sus nidos entre la densa maraña de la vegetación.